Qué pasa cuando te conviertes en el jefe de tus amigos

Cuando trabajas con alguien cercano surge la pregunta ¿cómo manejo la comunicación entre colegas y amigos? o ¿qué hacer cuando te conviertes en el jefe de las personas que eran tus iguales?

Esta transición suele ser extraña para ambas partes, y suele causar ansiedad o angustia al no saber manejar los sentimientos asociados a este cambio.

A continuación te compartimos algunos consejos y herramientas para liberarte del estrés y recuperar la confianza a la hora de mantener relaciones amistosas aunque estas impliquen una evolución:

1. Aborda la incomodidad de manera directa

Si tienes empleados que solían ser tus compañeros de trabajo, lo primero que debes saber es que tus amigos también se sienten incómodos y extraños. El hecho de que ahora deban responderte a ti cambia el panorama y es un proceso que afrontan entre todos.

Cuando hables con tus empleados no dejes de mencionar lo obvio, coméntales que el hecho de ser su nuevo supervisor ha cambiado la relación y que el ambiente se puede sentir un poco tenso, sin embargo, es importante que ellos también se expresen y dejen todo claro para empezar adecuadamente el nuevo ciclo.

Pregúntales si han sentido el cambio muy drástico, cómo se sienten, conviértete en un jefe interesado por sus empleados, sigue construyendo una relación amena desde el principio basada en la honestidad, aún si no sabes qué papel jugará la amistad en este nuevo proceso que los incluye a todos.

2. Esfuérzate más en las tareas que le asignas a tu amigos

En la mayor parte de las situaciones los amigos se dan la mano, en realidad para eso están, ¿no?, para ser un apoyo mutuo sobretodo durante los momentos difíciles; pero en el mundo laboral, la dinámica cambia, entra en conflicto la amistad con los cargos y las tareas que debe realizar cada uno.

Es necesario que seas neutral, el hecho de ser el supervisor de un amigo, no te da el derecho de quitarle carga laboral, o por el contrario, ponerle trabajo extra porque asumes que él quiere ayudarte durante las temporadas más agitadas. Ninguno de estos escenarios es un comportamiento profesional, incluso si tienes estos hábitos y no eres consciente de ello.

Para ser precavido y no caer en estos patrones, hazte las siguientes preguntas al momento de asignar responsabilidades:

-¿Confío en que mi amigo entienda lo estresado que estoy ahora? ¿espero que él me ayude?

-¿Espero más de mi amigo porque lo conozco personalmente?

-¿Si no tuviera una historia personal con esta persona manejaría las cosas de manera distinta?

Si respondes conscientemente estas preguntas sabrás con mayor facilidad qué camino tomar y cómo actuar, lo que quiere decir: trata de manera uniforme a todos tus empleados.

3. Aprender a manejar las emociones

Cuando eres líder puedes observar con mayor facilidad lo que sucede en la organización, diariamente tienes que afrontar todo tipo de emociones ajenas que no están siempre en tus manos.

Algunos responden a tus decisiones de manera negativa y otros simplemente las aceptan, pero lo importante es que no te tomes siempre todas estas reacciones de forma personal.

Intenta que siempre haya un ambiente ameno y respetuoso para hablar con tranquilidad, en caso de que sea necesario.

4. Ponte en contacto con tu nuevo equipo de líderes

Asumir un nuevo rol implica aprender más del puesto, una de las mejores formas es conociendo de manera directa a personas que ejercen una posición similar a la tuya.

Tus nuevos colegas pueden resultar grandes mentores que compartan contigo su experiencia y conocimiento, así que acércate a ellos, invita a alguno a un café y descubre herramientas para ser mejor en lo que haces.

A medida que vayas viviendo la transición todo va a resultar más cómodo, integrarás nuevas mecánicas a tu rutina y aprenderás cómo llevar a cabo los retos que vayan surgiendo.

Compartir