Por qué nuestras amigas son la familia que elegimos

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Desde muy pequeñas, las mujeres estamos expuestas al mito de que la amistad femenina es “naturalmente complicada”; que está llena de “drama”, “envidias” y demás adjetivos que empatan con que somos “demasiado sensibles” para generar relaciones basadas en la lealtad y el afecto entre nosotras. En conclusión: la amistad entre mujeres sea un imposible. En el marco del Día Internacional de la Amistad, hacemos un breve análisis de por qué la amistad entre mujeres es un ejercicio de resistencia ante las relaciones patriarcales y cómo es que nuestras amigas son la familia que nosotras elegimos. 

 

El mito de la amistad femenina, a través de medios de comunicación, filmes y novelas, se representa como conflictiva, competitiva y basada en la envidia. Es un mito que se alimenta de la idea de  confiar en otras mujeres y que nuestra hostilidad encuentra su expresión  a través de la exclusión o la generación de rumores.

 

De hecho, es muy común representar a mujeres atractivas como una amenaza para otras mujeres. Nos repiten que es imposible que podamos priorizar las relaciones que tenemos entre nosotras por encima de las que tenemos con los varones. Cosa que contrasta con la forma en la que la amistad entre varones es representada en los mass media. Pero ¿por qué ocurre esto? 

 

Las teorías feministas señalan cómo es que, desde que somos niñas, las mujeres somos socializadas que lo más importante en nuestra vida son las relaciones que forjamos con los varones, particularmente las de tipo romántico. Como lo ha expuesto la periodista Shelley Cobb en su artículo en The Guardian: “Sea explícito o no, la amistad entre mujeres siempre ha sido vista como una amenaza para el orden patriarcal”. En ese sentido, el trasfondo de la competencia y el resentimiento entre las mujeres se fundamenta en una cultura que nos des empodera y alienta a competir por la validación y la atención masculina. 

 

Es por ello que generar y reforzar la amistad que tenemos con otras mujeres se convierte en un ejercicio de empoderamiento y resistencia que demuestra cómo la amistad femenina puede ser un espacio en donde podamos escucharnos, apoyarnos entre nosotras y a grandes rasgos, mejorar nuestras vidas.

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