El paso fantástico de Loly

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En el 2013 la regia Lorena Vazquez lanzó su firma de zapatos Loly in the sky, en Monterrey. Hoy, sus alegres y creativos diseños, así como sus líneas de accesorios y fragancias, se conocen alrededor del mundo.

Desde muy pequeña Lorena sentía gran emoción cada vez que estrenaba zapatos. Deseaba lucirlos de inmediato, y si no había a dónde salir en ese momento, no esperaba más y se dormía con ellos puestos. Quizá ahora ya no amanezca con un par en sus pies, pero su creatividad y chispeante imaginación la han llevado a compartir esa misma felicidad con miles de chicas alrededor del mundo.

 

Para materializar sus diseños se inspiró inicialmente en el universo mágico de la canción “Lucy in the sky with diamonds”, porque es fanática de los Beatles. Los siguientes pasos la condujeron a lanzar su firma en el 2013.  A ella le decían Loly, en la Universidad, combinó ambas ideas, y así surgió: Loly in the sky. 

 

Para entonces, Lorena Vázquez Serna ya había estudiado Diseño de Modas en el Institute Marangoni de Milán, una especialidad en Fashion Marketing en el ADT de Chicago y una maestría en Diseño de calzado y accesorios en Barcelona, donde también aprendió de maestros artesanos españoles. “Lo que yo quiero es que cada ‘Lolygirl’ -más de un millón 500 mil en su comunidad digital- sienta esa emoción con los zapatos, coma si fuera tu cumpleaños todos los días, de que eres la reina y lo puedes todo”, recalca Lorena, abriendo los brazos. “Incluso si es tu ¡Feliz no cumpleaños!, o tu descumpleaños, si ya no quieres cumplir, ja, ja, ja”.

 

Optimista soñadora y tenaz, como la describen quienes la conocen, la joven empresaria nació en Monterrey, y es la tercera de los cuatro hijos de Jorge Vázquez y María Luisa Serna. “Tuve una infancia muy padre porque en mi casa no eran muy partidarios de la televisión, y era de que mis papás decían: ‘salgan al Jardín, investiguen'”, cuenta Lorena, de cabello castaño recogido, expresivos ojos grandes, mejillas sonrosadas y amplia sonrisa.

“Yo me ponía a dibujar, a pintar, a hacer pócimas para atraer abejas. Creo que esa parte de no tener la televisión me ayudó mucho a desarrollar mi creatividad”.

 

Pronto tuvo claro que emprendería su propia compañía de zapatos, aunque en su familia nadie está relacionado con el giro, y cuando se sintió lista viajó a dos de los más importantes centros de calzado en el País. León y Guadalajara. Durante semanas tocó puertas en fábricas, locales y talleres, sin éxito. Durante semanas tocó puertas en fábricas, locales y talleres sin éxito. 

 

“Si no tienes volumen, es muy complicado que cualquier maquila pare su producción para hacerte tus zapatos. Esa fue una barrera muy grande”, recalca Lorena, y añade que se dio una última oportunidad, al regresar a León, Guanajuato. Estaba en una cafetería, y un hombre que vio sus diseños sobre la mesa, le dijo que era maquilador y buscaba una diseñadora. La emoción de Lorena se esfumó en poco tiempo, porque aquel sujeto no tenía maquila de zapatos y se quedó con sus creaciones. “Pero con él trabajaba una chava que se llama Érika, que su familia tenía guardada una máquina de zapatos, y su hermano fue el primero que me apoyó”. 

 

Para su primera colección, Lorena se dio cuenta de que no podía complicar demasiado la producción con muchas hormas, y utilizó una sola con una variedad de historias impresas, con gráficos divertidos y comodidad chic. Realizó las ilustraciones, diseño e imprimió las telas, y recurrió a la serigrafía artesanal, una antigua técnica de estampado que descubrió en sus recorridos por los puestos del Mercado de la Luz, en León, Guanajuato, ya que aparte de transformar completamente el zapato, es súper económica.

 

“Había uno con unas pestañitas. Otro que decía: ‘¡Hello sunshine!’, que hasta ahorita es el (modelo) mejor vendido; frases que me inspiraban, que me dan felicidad. “Que sea cómo que los traigas puestos y no nada más a la que los trae puestos, sino a quienes los ven, les saque una sonrisa.”

 

Lorena decidió exhibir su pequeña producción en Monterrey, en una galería vacía que alquiló. 

“Como pudimos recreé el mundo fantástico de Loly. Era un diciembre. Me acuerdo que se corrió la voz y fue como súper orgánico y se vendió todo”, comparte entusiasta. 

 

Luego inició su página web y amplió su surtido: tenis, flats, tacones, alpargatas, mocasines, sandalias. El diseño y el marketing son sus fuertes, pero necesitaba apoyo en la parte financiera y logística del negocio y encontró al socio perfecto en su hermano Eduardo. 

 

Una cadena de almacenes a nivel nacional los puso a prueba en sus establecimientos físicos y en línea, y se quedaron, así que también abrieron un showroom con tanto éxito que pusieron en marcha varias tiendas. 

 

Ana Cecilia Pérez-Cristo, socia y directora de emprendimiento de Victoria147, academia de negocios para mujeres que ha impulsado su firma, destaca de Lorena la capacidad para aterrizar las ideas de su mente altamente creativa y soñadora, porque incluso en los tiempos más difíciles no ha dejado de crecer y diversificarse. Agrega que es tenaz y determinada, y en un mercado tan competido ha sabido ganarse la lealtad de sus “Lolygirls”, porque al igual que en lo personal, si simpatizas con ellas, te procura y te cuida.

 

“Una madrugada estaba buscando cómo vender en los grandes almacenes de Estados Unidos, y me apareció que Macy`s tenía un programa para mujeres y emprendedores latinos y decidí aplicar, dije: ‘no pierdo nada’, y para mi sorpresa, ¡me llamaron!”, exclama Lorena. “Era como un casting. Iba muchísima gente y quedé entre los finalistas. Fui a la única que decidieron comprarle”. 

 

Antes, había logrado introducir sus artículos en ModCloth y Zappos, y además de calzado, tiene líneas de accesorios, fragancias, y está por lanzar una de pijamas. La fábrica de Loly in the sky continúa en León, Guanajuato, y el embajador de la marca es un minino llamado Miauricio Lolinsky.

 

Aparte de sus tiendas y sus más recientes Loly Shoe Bars, que son como islas dentro de centros comerciales, exporta a mayoristas y almacenes departamentales alrededor del mundo.

 

“Es muy padre ver las fotos de la gente en Japón usando mis zapatos, porque tienen un sentido de la estética totalmente diferente. Entonces, los combinan con calcetines de colores y con ropa muy diferente a como los combinamos aquí”, refiere Lorena.

 

“Por ejemplo, exportamos a Arabia Saudita, y allá las mujeres no pueden salir en las fotos, pero me enviaron una imagen en la que aparece una parte de la mano con una nota de agradecimiento”.

 

También narra que en sus tiendas se han realizado peticiones de mano, y que una mujer en Suecia, que se fracturó la cadera y ya no podía usar tacones, le escribió para decirle que cada vez que se ponía uno de sus diseños de piso con la frase “It`s OK” en realidad sentía que todo iba a estar bien.

 

“Me encanta que en cualquier aspecto de su vida, ella nunca deja de soñar, nunca se da por vencida”, señala Lorena Espinosa, Head de marketing en Loly in the sky.

 

“Ella juega bajo sus propias reglas sin importar cómo lo hagan los demás. Es valiente, perseverante y agradecida; súper inspiradora”. 

Lorena, quien está casada, tiene un hijo de dos años y está esperando otro bebé, considera que la maternidad la ha hecho más creativa y organizada.

 

“He vivido intensamente su faceta como empresaria y emprendedora”, subraya su mamá María Luisa Serna. “Ha sido una montaña rusa con momentos altos y bajos, con pasión y determinación a prueba de todo, que han hecho del emprender una experiencia de vida enriquecedora”.

 

Dice que el ingenio y sentido del humor de su hija le permiten comunicar en sus diseños mensajes que abren la puerta a momentos mágicos.

“Ella es auténtica, sencilla y amorosa. Tiene la capacidad de transmitir la belleza en objetos cotidianos que contagian alegría”.

 

Un 80 por ciento de las 108 personas que conforman el equipo de Lorena, son mujeres. Y en cuanto a sus zapatos son elaborados por artesanos mexicanos, de materiales veganos, libres de crueldad animal. “No utilizamos nada de piel. Sacamos una línea ecológica donde reutilizamos suelas y usamos algodones reciclados, y estoy por sacar unas suelas que traen sargazo, así combatimos una problemática que tenemos y la convertimos en algo útil”.

Aunque hace ocho años lanzó su compañía, Lorena siente que han pasado muchos más por todo lo que han enfrentado. “Lo hemos logrado con mucha fe, tenacidad y terquedad, porque es muy difícil, son muchas pruebas, obstáculos, y tienes que seguir y seguir; tener algo que realmente te inspire. A mí me gusta mucho una frase que dice mi papá: ‘Andando en la carreta se acomodan las calabazas’, y es eso, tener un sueño, encomendarse a Dios y trabajar muy duro, y conforme vas avanzando, todo se va acomodando”.

 

Otra de las apuestas de Lorena, es la de colecciones con causa, así lanzó la de Doctora Confeti, con el propósito de adquirir caretas para el personal médico que libra la batalla en la primera línea, contra el Covid-19. “Cada año tenemos una colección en la que donamos las ganancias o parte de las ganancias”, explica Lorena.

 

Después del sismo del 19 de septiembre de 2017, en la Ciudad de México y otras entidades en donde participó la perrita rescatista Frida, sacaron un modelo especial de la heroína canina. “Justo me tocó ver cómo se caían los edificios. Fue muy impactante, sacamos los ‘Lolys Frida’ y tuvimos una gran respuesta de nuestras ‘Lolygirls’”. Con lo obtenido pudieron reconstruir siete casas en Tepapayeca, Puebla, así como el kinder que también quedó destrozado. “Justo estoy por sacar la colección que se llama ‘Te quiero México’. Tiene charms que le puedes cambiar. Dice, por ejemplo: pan dulce, tacos, garnacha; como esas cosas mexicanas que nos hacen felices”.

 

A Lorena le enorgullece acompañar en distintos momentos de su vida, a tantas chicas que llevan sus diseños, porque a diferencia de otros artículos, los zapatos tienen un significado muy emocional. “Cada temporada me invento una historia, y a partir de ahí realizo mis creaciones. Por ejemplo, la que está por salir me imaginé como mis películas favoritas: Amélie, Alicia en el País de las Maravillas, y de ahí, qué zapatos haría para la protagonista”.

 

La arquitecta Marcela González Veloz, amiga de Lorena, la describe como una persona que disfruta de observar el mundo y de crear historias con sólo ver la sonrisa, la mirada o el andar de la gente que pasa. “Lore es un universo propio, al que te acercas e inmediatamente te transportas; es una colección de relatos de viajes entre lo imaginario y lo cotidiano. Más que en el producto, piensa en quién lo usa”. Es un escenario cada vez más digital, en el que se busca empatía y calidez.Lorena construye una comunidad que disfruta y se identifica con sus historias y mundos fantásticos.

Es una diseñadora de experiencias, y a través de sus zapatos acompaña los pasos de miles de mujeres.

 

Por: Maria Luisa Medellín | El Norte

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